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En
los últimos años se ha venido produciendo
un crecimiento de nuestras ciudades
en mancha de aceite, una urbanización
difusa. Los altos precios de la vivienda,
la especulación, el deterioro de algunos
barrios y la ausencia de políticas de
rehabilitación, han estimulado el desarrollo
residencial extensivo, periférico y
también periurbano. A ello hay que añadir
la dispersión de áreas comerciales,
industriales, universitarias, etc. Estos
procesos, a los que Toledo no ha sido
ajeno, han incrementado la dependencia
del transporte motorizado, que ocasiona
a su vez un deterioro ambiental
y de la calidad de vida.
Las
administraciones dan respuestas en función
de la minoría que utiliza el coche,
mientras la mayoría: peatones, usuarios
del transporte público y ciclistas,
sufren los problemas de ruido, contaminación,
peligrosidad y pérdida de espacio viario.
Incluso el transporte público se hace
más lento por el uso indiscriminado
del coche. No es sólo que la contaminación
atmosférica o acústica se asocien al
tráfico, ni siquiera que el espacio
viario esté desigualmente repartido
a favor del automóvil. Existen otros
costes que conviene tener en cuenta,
tales como la accidentalidad que sufren
en mayor medida los grupos más vulnerables,
como ancianos o niños, o las pérdidas
de tiempo y dinero ocasionadas por la
necesidad de desplazamiento en unas
vías congestionadas. Reflexionemos sobre
lo que esto puede suponer de merma en
los resultados prácticos de las reivindicaciones
clásicas de incremento de salarios o
reducción de jornada.
En lugar
de empeñarnos en construir nuevas infraestructuras
para hacer "fluido" el tráfico,
que lejos de conseguirlo sólo estimulan
el uso del coche, debemos cuestionarnos
esa política y plantearnos cómo reducir
la necesidad de desplazarse. Para prevenir
las dificultades asociadas a la movilidad
y facilitar la accesibilidad, que es
de lo que se trata, hay que adoptar
medidas que permitan abaratar la vivienda;
planificar la cercanía mediante la descentralización
de servicios; una apuesta por el transporte
público de calidad; y una política de
disuasión, de forma que se utilice el
coche sólo cuando se carece de alternativas.
En esta línea Izquierda Unida, además
de seguir impulsando la promoción de
vivienda protegida, ha venido proponiendo
la creación de una autoridad única para
el Transporte Metropolitano o Comarcal,
incorporando los servicios de transporte
existentes, que mejore su calidad en
frecuencias, horarios, información y
confort de los vehículos, unifique tarifas
y permita acceder a los puntos de destino
más demandados sin transbordos.
Yendo
más allá, este sería un primer paso
para la coordinación de los municipios
del entorno de Toledo, que conforman
el área metropolitana o la "comarca
funcional" de la capital, tanto
en materia de servicios como en política
urbanística o de desarrollo económico.
Esta necesidad se justifica por la creciente
interdependencia entre ellos: lo que
hace uno puede tener consecuencias en
los demás, y por otra parte ciertos
servicios tienden a prestarse para varios
municipios a partir de grandes infraestructuras
buscando economías de escala. Pero además
cada vez hay más ciudadanos "transmunicipales"
que tienen una casa en un municipio
(en el que están, o no, empadronados)
y trabajan, estudian, van al cine, de
compras, llevan al colegio a sus hijos
o se divierten... en otro u otros municipios
de la comarca funcional. Desde Izquierda
Unida proponemos iniciar un debate entre
los municipios implicados, y contando
con la Junta de Comunidades, para crear
una entidad supramunicipal en la comarca
funcional de Toledo a la que los ayuntamientos
cedan competencias (entre ellas gestionar
y fijar precios de servicios comunes)
y cuyos cargos políticos, encargados
de la gestión, puedan llegar en un futuro
a ser de elección directa por todos
los ciudadanos del área comarcal en
pie de igualdad, vivan en el municipio
que vivan.
Aurelio San Emeterio Fernández
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